José Antonio Ferrer Benimeli El jesuita que enseñó a la masonería a mirarse en el espejo

 No todos los nombres esenciales de la historia masónica llevan mandil.

Algunos sostienen archivos, desmontan mitos y soportan el peso de la verdad documentada. José Antonio Ferrer Benimeli es uno de ellos.

José Antonio Ferrer Benimeli nació en 1934, en una España marcada por la posguerra, el silencio y la desconfianza ideológica. Su apellido, de origen árabe, ya parecía anunciar una vida dedicada a cruzar fronteras culturales e intelectuales. Ingresó en la Compañía de Jesús y se formó como historiador, especializándose en Historia contemporánea universal y de España, disciplina que acabaría ejerciendo como catedrático en la Universidad de Zaragoza.

Desde muy temprano, su vocación académica se orientó hacia terrenos incómodos. No eligió temas neutros ni amables. Se interesó por la relación entre la Iglesia y la masonería, un campo cargado de prejuicios, tensiones políticas y silencios impuestos. Aquella elección marcaría su trayectoria vital y profesional, situándolo en una posición tan necesaria como arriesgada.

Ferrer Benimeli asumió siempre una separación clara entre su condición de jesuita y su labor como historiador. Nunca ocultó ninguna de las dos, pero tampoco permitió que se contaminaran mutuamente. Esta delimitación consciente le granjeó respeto académico y, al mismo tiempo, incomprensión en sectores que preferían relatos simples y maniqueos. Él optó por el camino más difícil: el de la honestidad intelectual.


Aunque no fue ni es masón, Ferrer Benimeli se convirtió en una figura central para el conocimiento histórico de la masonería contemporánea. Todo comenzó con su tesis doctoral sobre la relación entre la Iglesia y la masonería en el siglo XVIII y la historia de la masonería en España en ese mismo periodo. Aquella investigación abrió una brecha en un muro construido durante décadas de propaganda y miedo.

La defensa de esa tesis, en 1972, no estuvo exenta de tensión. Sectores ultras intentaron impedir su lectura mediante amenazas directas. Poco después, un incendio sospechoso en la Facultad de Filosofía y Letras, donde ejercía como profesor, destruyó numerosos escritos acumulados durante quince años de trabajo. La policía concluyó que el fuego había sido provocado, aunque nunca se detuvo a nadie. El mensaje era claro: investigar la masonería seguía siendo peligroso.

Lejos de amedrentarse, Ferrer Benimeli perseveró. Impartió cientos de conferencias en España y en el extranjero, participó en congresos internacionales y publicó más de treinta libros, además de innumerables artículos académicos y periodísticos. Su obra contribuyó decisivamente a normalizar el estudio científico de la masonería, sacándola del terreno de la sospecha para situarla en el de la historia documentada.


El rasgo distintivo de Ferrer Benimeli es su método. No escribe para defender ni para atacar. Escribe para comprender. Su aproximación a la masonería es la del historiador que observa, contextualiza y contrasta fuentes sin dejarse arrastrar por simpatías o antipatías personales. Esa neutralidad activa, tan poco frecuente, es precisamente su mayor aportación.

En sus trabajos desmonta leyendas negras, pero también evita idealizaciones ingenuas. La masonería aparece en sus libros como lo que ha sido históricamente: una institución compleja, plural, contradictoria y profundamente ligada a los procesos políticos, culturales y sociales de su tiempo. Al hacerlo, devuelve a la Orden su dimensión humana.

Su legado es doble. Para la academia, abrió un campo de estudio riguroso y legítimo. Para los masones, ofreció un espejo incómodo pero necesario, donde reconocerse sin disfraces ni mitologías complacientes. Ferrer Benimeli enseñó que la verdad histórica también es una forma de iniciación.


En una época saturada de opiniones y carente de estudios serios, la figura de Ferrer Benimeli resulta más actual que nunca. Su trabajo recuerda a la masonería que el conocimiento de su propia historia no puede basarse en la tradición oral ni en la autocomplacencia, sino en documentos y análisis crítico.

Que uno de los mayores historiadores de la masonería no sea masón encierra una lección profunda. A veces, la defensa más honesta de una institución viene de quien no necesita pertenecer a ella. Su ejemplo invita a los masones a valorar la investigación rigurosa como parte esencial de su responsabilidad histórica.


Quizá Ferrer Benimeli nunca vistió mandil, pero ayudó a muchos a comprender qué significa realmente llevarlo. Y eso, en el fondo, también es trabajar por la Luz.

 taminosermason@gmail.com   

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