La Kirk y la logia Cuando la Iglesia de Escocia se atrevió a hacer la pregunta incómoda
Miles de masones escoceses se sentaban cada domingo en los mismos bancos que sus pastores. Todos lo sabían. Nadie lo decía. Hasta que en 1989 la Iglesia decidió romper ese silencio — no con un anatema, sino con una pregunta. Escocia, 1987. En los bancos de miles de iglesias presbiterianas se sentaban cada domingo hombres que, la noche anterior, quizás habían cruzado el umbral de una logia. Nadie lo preguntaba. Nadie, hasta entonces, lo había considerado un problema urgente que exigiera una respuesta institucional. La Iglesia de Escocia —la Kirk, como la llaman sus fieles— lo sabía. Sabía que miles de sus miembros pertenecían simultáneamente a la masonería y a la congregación. Y en 1987 decidió que había llegado el momento de pensar en voz alta sobre ello. Encargó a su Panel de Doctrina un estudio de dos años. Lo que vino después ilumina algo esencial sobre cómo las instituciones —religiosas o masónicas— se enfrentan a la incomodidad. La Iglesia de Escocia es la iglesia nacional d...