Logia "Unión y Confianza" El templo que Jovellanos nunca cerró

 Hay edificios que guardan más historia de la que caben en sus paredes. En la Avenida 10 de Jovellanos, provincia de Matanzas, hay uno así. Lleva más de 140 años en pie — y lo que ocurrió dentro de él habla de Cuba entera.



Cuba en 1882 era una isla en ebullición. La Guerra de los Diez Años había terminado solo dos años antes, dejando cicatrices, deudas y una promesa incumplida: la de la libertad. La masonería llevaba décadas presente en los medios políticos, económicos e intelectuales cubanos, impregnando todos los sectores de la sociedad y participando en la construcción de la identidad nacional. En ese contexto, Jovellanos — ciudad azucarera, enclave comercial de Matanzas — vio nacer algo pequeño pero destinado a durar.

El 11 de mayo de 1882 se fundó la Logia "Unión y Confianza". Su nombre no era casual. En una Cuba colonial donde la palabra "unión" entre criollos podía levantar sospechas, elegirla como estandarte era ya un acto de valentía. Confianza, la otra mitad del nombre, era la moneda escasa en tiempos de delatores y censura.


En 1905, la Logia "Unión y Confianza" inauguró en Jovellanos la escuela pública "El Progreso", sufragada por sus propios fondos. Una escuela. No un discurso, no una proclama — una escuela de carne y piedra, con niños dentro. Eso es masonería aplicada.
En 1923, bajo la dirección del Venerable Maestro Juan Ruiz Peraza, la logia organizó una jira campestre en la finca "Refugio" con la participación de dignatarios de la Gran Logia de la Isla de Cuba y de las logias hermanas "Amor Fraternal" y "Mártires de la Libertad". La fraternidad no como concepto abstracto, sino como práctica colectiva.
La masonería cubana desempeñó un papel significativo durante las guerras de independencia y contribuyó durante muchos años a la educación y la filantropía. "Unión y Confianza" fue expresión local y concreta de ese proyecto mayor. Una logia de provincias que no se resignó a ser periférica.

Los primeros años fueron de construcción silenciosa. En 1886, el Venerable Maestro de la logia era José J. Lainé, nombre hoy casi olvidado pero que presidió los trabajos en años de transición crítica: Cuba aún era española, la abolición de la esclavitud acababa de decretarse ese mismo año, y el aire olía a cambio. La logia siguió trabajando.

El nombre de esta logia encierra su programa filosófico completo. Unión: el reconocimiento de que ningún ser humano se perfecciona en soledad. Confianza: la apuesta por el otro como condición del progreso moral. Los masones cubanos de aquel siglo eran conscientes de que la sociedad tenía que modernizarse — y la modernización empezaba en el aula, en el hospital, en la calle.

Aquí la historia se complica — y por eso se vuelve más interesante. En diciembre de 2010, los miembros de la logia tomaron el acuerdo de separarse de la Gran Logia de Cuba y solicitar reconocimiento a la Gran Logia Constitucional del Perú. Sus miembros habían estado entre los expulsados en el conflicto de 2007 que introdujo, según testimonios, la desunión y fragmentación que llevó a la separación de logias con décadas de servicio.

Una logia fundada bajo el signo de la "unión" que acabó pagando el precio de defender sus principios contra la propia institución que debía custodiarlos. La paradoja duele — y enseña. Candidatos a la Gran Maestría han incluido la reunificación como primer punto de sus programas de gobierno, reconociendo implícitamente la herida abierta.

"Unión y Confianza" sigue en pie en la Avenida 10. Sigue siendo un recordatorio de que las instituciones no son eternas por decreto — lo son por coherencia.


Más de ciento cuarenta años. Colonia, independencia, república, revolución, disidencia. La logia sobrevivió a todo eso. Hay algo profundamente masónico en esa terquedad: la convicción de que la piedra bruta puede convertirse en piedra cúbica si el mazo no abandona el trabajo.

Jovellanos no es una capital. "Unión y Confianza" no es una logia famosa. Y quizás por eso su historia importa más: porque la masonería real no vive solo en los grandes templos, sino en los lugares donde nadie espera encontrarla.



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