John Boswell La firma que nadie esperaba y que cambió la historia de la masonería

 No era cantero. No había tallado piedra en su vida. Pero el 8 de junio de 1600, John Boswell firmó un acta de la Logia de Edimburgo. Esa firma es el primer instante documentado de la masonería especulativa. Todo lo demás vino después.


Escocia, 8 de junio de 1600. En el Palacio de Holyrood, sede de la corona escocesa, la Logia de Edimburgo celebra una reunión. No es una tenida ordinaria: es el juicio disciplinario contra su Guardián, un cantero llamado Jhone Broune. Entre las firmas que aparecen al pie del acta, junto a las marcas personales de los canteros operativos, hay una que no debería estar allí. Pertenece a John Boswell, IV Laird de Auchinleck. Un terrateniente. Un caballero. Un hombre que nunca ha tallado piedra en su vida.

Esa firma es el primer instante documentado de la masonería especulativa.
John Boswell nació hacia 1532 en Auchinleck, Ayrshire, en el seno de una de las familias de la nobleza escocesa menor que habían sobrevivido a siglos de guerras, reformas y cambios de lealtad. Su padre, David Boswell, y su madre, Janet Hamilton, lo criaron en un mundo donde la tierra era poder y el poder se medía en relaciones. En 1562 contrajo matrimonio con Christian Dalzell. Su familia tenía vínculos con los círculos más altos de la corte escocesa: su hijo, también llamado John, se casaría con Christian Stewart, hermana del Conde de Arran. Los Boswell de Auchinleck no eran una familia periférica. Eran parte del tejido del reino.


¿Qué hacía ese hombre en una reunión de canteros? Esa es la pregunta que los historiadores masónicos llevan más de dos siglos intentando responder. Las posibilidades son varias. Pudo acudir como miembro, quizás honorario, de la logia. Pudo ser convocado como consejero legal para el proceso contra el Guardián Broune. Pudo estar allí por razones que el acta simplemente no aclara. Lo que sí es indudable es que firmó. Que su marca personal quedó registrada junto a la de los canteros. Y que nadie en esa sala consideró su presencia inapropiada.

Los Schaw Statutes, el código regulador de la masonería escocesa aprobado en 1598 por el maestro de obras real William Schaw, habían formalizado el sistema de logias apenas dos años antes. La Logia de Edimburgo —conocida también como Mary's Chapel— conserva las actas más antiguas del mundo masónico con fecha verificada. La de julio de 1599 es la primera. La del 8 de junio de 1600, con la firma de Boswell, es la segunda en importancia histórica. Sobre esas dos páginas reposa el origen documentado de todo.


Boswell murió en 1609. No hay registro de que volviera a pisar ninguna logia. Una sola firma, en un solo documento, en un solo día. Y sin embargo esa firma cambió para siempre la historia de la fraternidad.

La masonería especulativa —la de los filósofos, los científicos, los artistas, los políticos que a lo largo del siglo XVII y especialmente del XVIII transformaron las logias de gremios artesanales en espacios de pensamiento ilustrado— no cayó del cielo en 1717 con la fundación de la Gran Logia de Londres. Fue un proceso de más de un siglo. Y tiene fecha de inicio. Tiene nombre. Tiene una firma en un acta de juicio disciplinario en Holyrood.


John Boswell no sabía que estaba fundando nada. Solo firmó donde le señalaron. Pero a veces la historia cambia así: sin discursos, sin ceremonias, con un hombre que pone su nombre donde nadie esperaba encontrarlo.



Me quedo pensando en ese juicio al Guardián Broune. En que la primera vez que un profano cruzó el umbral de una logia y dejó constancia de ello no fue en una ceremonia solemne, sino en un proceso disciplinario. La masonería especulativa no nació en un momento de gloria. Nació en un momento de conflicto interno. Quizás eso también nos dice algo sobre cómo funciona la historia: los grandes cambios no se anuncian. Se cuelan.




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