El Rito de Adopción La primera vez que la masonería abrió una puerta a las mujeres
Durante décadas, ellas escuchaban desde fuera. Organizaban los salones donde se debatía la Ilustración, criaban a los futuros masones, acompañaban a los hermanos hasta la puerta de la logia. Y luego esperaban. Hasta el 10 de junio de 1774.
Francia, segunda mitad del siglo XVIII. En los salones de París, las mujeres de la nobleza y la alta burguesía asisten a veladas filosóficas, debaten sobre Rousseau y Voltaire, financian enciclopedias y dirigen tertulias que mueven el mundo intelectual de su tiempo. Pero cuando sus maridos, hermanos e hijos cruzan el umbral de una logia masónica, ellas se quedan fuera. La puerta se cierra.
Hasta que alguien decide abrirla.
Las primeras logias de adopción surgieron en Francia hacia 1760, antes de cualquier reconocimiento oficial. Eran espacios mixtos, informales, donde las parientas de los masones participaban de ceremonias adaptadas. La masonería ortodoxa las miraba con desconfianza: demasiado parecidas a las sociedades paródicas que imitaban la fraternidad sin su rigor. Y sin embargo, se multiplicaban.
El 10 de junio de 1774, el Gran Oriente de Francia tomó una decisión que cambiaría la historia: en lugar de prohibirlas, las absorbió. Asumió el control y la protección oficial de todas las logias de adopción existentes, les dio reglamento, estructura y legitimidad. Dos normas fundamentales quedaron escritas desde el primer momento: solo masones regulares podían asistir a las reuniones, y cada logia de adopción debería estar presidida conjuntamente por una Gran Maestra y un Venerable Maestro masculino. La puerta se abría, pero con bisagras controladas.
Al año siguiente, en mayo de 1775, se instaló en París la primera logia de adopción formal bajo el nuevo régimen. La presidió la Duquesa de Borbón, nombrada Gran Maestra de Adopción. A su lado, como Gran Maestro, el Duque de Chartres. En 1777, la logia La Candeur reunía bajo su techo a la Duquesa de Borbón, la Duquesa de Chartres, la Princesa de Lamballe y la Marquesa de Genlis. Era, en palabras de un observador de la época, como si "la moda, la riqueza y la literatura se hubieran unido" en un solo lugar.
El Rito de Adopción tenía una estructura de grados propia, paralela pero diferente a la masonería masculina. Los primeros grados —Aprendiza, Compañera y Maestra— tomaban prestados los nombres pero usaban una simbología completamente distinta. El grado de Aprendiza representaba las cuatro partes del mundo. El de Compañera evocaba el Jardín del Edén. El de Maestra, la Torre de Babel y la Escala de Jacob. El de Maestra Perfecta, el Tabernáculo de Moisés en el desierto. Era una masonería bíblica, femenina en su lenguaje, ilustrada en su espíritu.
No todo el mundo lo celebró. Una parte de la fraternidad masculina nunca aceptó estas logias como masonería genuina. Las llamaron pseudomasónicas. Las toleraron mientras las controlaron. Cuando el Gran Oriente las declaró inconstitucionales a principios del siglo XIX, apenas hubo protestas.
Pero la semilla había sido plantada. Las logias de adopción sobrevivieron, se reorganizaron como logias exclusivamente femeninas en el siglo XX y se convirtieron en la Grande Loge Féminine de France, fundada definitivamente en 1952. El Le Droit Humain, primera obediencia mixta del mundo, había nacido en 1893 cuando Maria Deraismes fue iniciada en una logia masculina francesa.
Todo eso comenzó con un edicto del 10 de junio de 1774. Una decisión institucional, burocrática incluso. Pero que reconoció, por primera vez y por escrito, que las mujeres tenían un lugar en la fraternidad.


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