Buzz Aldrin — El primer masón en pisar la Luna llevaba una bandera del Rito Escocés en el bolsillo

 Mientras el mundo miraba la pantalla, Buzz Aldrin llevaba en su kit personal una bandera masónica bordada en seda, una deposición del Gran Maestro de Texas y el pan y el vino para una comunión que nadie vería. El 20 de julio de 1969, la masonería pisó la Luna.

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Fue el primer astronauta de la NASA en poseer un doctorado. Su tesis era sobre técnicas de encuentro orbital, los mismos procedimientos que haría posible el regreso seguro desde la Luna. Estudió el problema que tendría que resolver antes de que nadie le encargara resolverlo.

Glen Ridge, New Jersey, 20 de enero de 1930. Nace Edwin Eugene Aldrin Jr., hijo de un coronel aviador que quería que su hijo volara más alto que él. Lo consiguió. Buzz —apodo de infancia que acabó siendo su nombre legal— graduó tercero en West Point, voló 66 misiones de combate en la Guerra de Corea, derribó dos aviones enemigos y obtuvo el doctorado en Astronáutica en el MIT en 1963. Cuando la NASA buscaba hombres capaces de llegar a la Luna, Aldrin era exactamente lo que necesitaba.


Miembro de la Clear Lake Lodge Nº 1417 de Seabrook, Texas, y de la Logia Montclair Nº 114 de Nueva Jersey, Aldrin llevaba la masonería con la misma discreción con que llevaba el resto de su vida interior. Cuando supo que formaría parte de la tripulación del Apolo 11, tomó una decisión que no comunicó a la NASA: quería que la masonería estuviera presente en la Luna.

Contactó con J. Guy Smith, Gran Maestro de la Gran Logia de Texas. Smith vio la oportunidad y la aprovechó. Redactó una deposición especial que autorizaba a Aldrin a actuar como representante de la Gran Logia de Texas en la Luna y a reclamar jurisdicción masónica sobre el satélite. En su kit personal, Aldrin embarcó también una bandera en miniatura del Supremo Consejo del Rito Escocés Grado 33, jurisdicción sur, bordada en seda blanca con las palabras "Deus Meumque Jus" y los símbolos del águila bicéfala, la corona del grado 33 y el compás y la escuadra.


El 20 de julio de 1969, en el Mar de la Tranquilidad, Buzz Aldrin fue el primer masón en pisar la Luna. Lo que hizo allí nadie lo vio en directo: sacó los objetos masónicos de su kit personal y, en algún momento de aquellas horas históricas, llevó a cabo el acto simbólico de reclamar la jurisdicción. A su regreso, el 16 de septiembre de 1969, visitó el Templo de la Casa en Washington D.C. y entregó la bandera al Gran Comendador Luther Smith. La bandera reposa hoy en los archivos del Templo.

La Gran Logia de Texas constituyó después la Logia Tranquilidad Nº 2000, con jurisdicción sobre la Luna. La logia existe oficialmente, con coordenadas lunares registradas: 8°30′N 31°24′E. Hasta que sus miembros puedan celebrar tenida en el lugar, trabaja bajo los auspicios de la Gran Logia de Texas.


Aldrin celebró también en la Luna algo que pocos conocen: una breve comunión cristiana presbiteriana, con pan y vino llevados en su kit personal. Lo hizo en silencio, antes de abrir la escotilla. La NASA nunca lo anunció públicamente.

La masonería ha acompañado a la humanidad desde las canteras medievales hasta la era espacial. El 20 de julio de 1969 dejó su huella en otro mundo. Aldrin no lo hizo para los titulares. Lo hizo porque para él la fraternidad no era un cargo sino una convicción. Eso también es masonería

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Hay una imagen que no puedo quitarme de la cabeza: Buzz Aldrin, solo en el módulo lunar antes de abrir la escotilla, comulgando en silencio con el pan y el vino que había traído de casa. En el lugar más alejado al que ha llegado un ser humano, en el momento más público de su vida, hizo algo completamente privado. Y luego sacó la bandera masónica. Y luego abrió la escotilla. Hay algo en esa secuencia que me parece profundamente masónica: primero el hombre interior. Luego el hombre en el mundo.

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