Mijaíl Bakunin El anarquista que se hizo masón y rompió con la masonería

Entró en una logia masónica buscando aliados para destruir el Estado, la Iglesia y la propiedad privada. Escribió allí una de las frases más radicales jamás formuladas sobre Dios y la libertad humana. Y meses después rompió con todo. Esta es la historia incómoda de un anarquista masón. 


Pryamukhino, Rusia, 1814. Nace Mijaíl Aleksándrovich Bakunin, hijo de la nobleza terrateniente rusa. Nadie en esa cuna imaginaría que ese niño se convertiría en uno de los enemigos más radicales del Estado, la Iglesia y la propiedad privada que ha conocido Europa. La paradoja empieza ahí: el anarquista que negaría toda autoridad nació en el corazón mismo de la autoridad rusa.

Estudió en la academia militar de artillería de San Petersburgo. Sirvió brevemente en el ejército. Y luego lo abandonó todo para estudiar filosofía hegeliana en Berlín. De ahí en adelante, su vida fue una sucesión de exilios, cárceles y fugas: participó en las revoluciones de 1848 en Francia y en la insurrección checa de Praga, fue condenado a muerte en Sajonia, extraditado a Rusia, encerrado en la fortaleza de Pedro y Pablo, desterrado a Siberia y, en 1861, protagonizó una fuga legendaria que lo llevó a través de Japón y Estados Unidos hasta Londres.


Su primer contacto masónico fue temprano: en 1845 se afilió a una logia escocesa del Gran Oriente de Francia. Pero fue casi dos décadas después, en Florencia, en el verano de 1864, cuando la masonería volvió a cruzarse con su camino de forma decisiva. Garibaldi acababa de ser elegido Gran Maestro del Gran Oriente de Italia en la primera Asamblea Constituyente masónica italiana, celebrada en Florencia ese mismo año. Bakunin, recién llegado de Turín con cartas de presentación del propio Mazzini, ingresó en la logia Il Progresso Sociale y presentó ante sus hermanos un proyecto de reforma que resumía sus ideas: federalismo, ateísmo y socialismo.

Ideas, simbolismo y legado

Su relación con la masonería italiana fue intensa pero breve. En esos meses escribió el inédito Catecismo del Francmasón, donde formuló una de sus frases más provocadoras: "Dios existe, por lo tanto el hombre es un esclavo. El hombre es libre, por lo tanto no hay Dios. Que escape a este dilema quien pueda." Era el Bakunin que abandonaba definitivamente cualquier fe en una divinidad, y lo hacía, paradójicamente, dentro de una logia masónica.

La relación se rompió pronto. Bakunin descartó la masonería como instrumento insuficiente para la revolución que él imaginaba. Fundó en 1864 su propia sociedad secreta, la Fraternidad Internacional, y en 1867 atacó abiertamente a Garibaldi y a Mazzini en sus escritos, acusándolos de gradualismo burgués. El hombre que había entrado en la logia buscando aliados para la revolución social terminó viendo en la masonería liberal italiana —demasiado moderada, demasiado burguesa— un obstáculo más que un instrumento.

Bakunin pasó sus últimos años enfrentado a Marx dentro de la Primera Internacional, defendiendo el federalismo y el antiautoritarismo frente al centralismo marxista. Murió en Berna el 1 de julio de 1876, pobre y exiliado, como había vivido casi toda su vida adulta.


Su breve y tormentosa relación con la masonería ilustra algo que la fraternidad contemporánea no debería olvidar: la logia fue, durante el siglo XIX, un espacio donde convergían liberales moderados y revolucionarios radicales, sin que esa convivencia estuviera exenta de tensión. Bakunin entró buscando un instrumento de cambio social y salió convencido de que necesitaba algo más radical. Esa tensión —entre la reforma gradual y la revolución total— sigue viva en cualquier debate sobre el papel social de la masonería hoy.


Bakunin me resulta el hermano más incómodo de cuantos hemos contado en estas crónicas. No encajó. No quiso encajar. Entró en la logia buscando un arma y, al no encontrarla lo suficientemente afilada, se marchó a fabricar la suya. Hay algo honesto en esa salida —no se quedó por inercia ni por estatus— y hay algo que cualquier masón debería preguntarse: ¿hasta dónde llega la fraternidad cuando las ideas de quienes la integran son irreconciliables?



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