Pedro Figueredo — El masón que escribió el Himno de Cuba a caballo mientras la multitud lo cantaba
Escribió la letra del himno nacional montado a caballo, mientras la multitud lo cantaba antes de que terminara de escribirlo. Fue fusilado dos años después. Sus últimas palabras fueron las mismas que había escrito para el himno.
***
Bayamo, 29 de julio de 1819. Nace Pedro Felipe Figueredo Cisneros, hijo de una familia acomodada del oriente cubano. De niño comparte aula con dos hombres que también dejarán huella en la historia: Carlos Manuel de Céspedes y Francisco Vicente Aguilera. Cuba, en ese momento, es una colonia española que lleva trescientos años siéndolo y que tardará casi cincuenta más en comenzar a dejar de serlo. Perucho —así lo llaman desde siempre— no sabe todavía que será él quien le dé la voz a esa ruptura.
Estudia bachillerato en La Habana, donde tiene como profesor a José de la Luz y Caballero, el gran pedagogo liberal cubano. Obtiene el título de abogado y regresa a Bayamo. Toca el piano con destreza reconocida. Funda la Sociedad Filarmónica de Bayamo. Tiene once hijos con Isabel Vázquez. Es un hombre de su tiempo: abogado, músico, padre de familia, propietario. Y secretamente convencido de que Cuba debe ser libre.
La conspiración se organiza en su propia casa. En 1867, una comisión de la Gran Logia de Santiago llega a Bayamo para constituir una logia masónica. Tras superar algunas discrepancias entre los propios patriotas, queda fundada la Logia Redención, con Francisco Vicente Aguilera como Venerable Maestro. Perucho Figueredo se integra en ella. Desde ese momento, la logia se reúne en su casa. Las tenidas masónicas y las reuniones conspiradoras comparten el mismo espacio. El 2 de agosto de 1867 se constituye formalmente el Comité Revolucionario de Bayamo. Perucho es vocal.
Ese mismo mes de agosto de 1867, durante una de esas reuniones nocturnas en su casa, Perucho compone la música de lo que llamará La Bayamesa: una marcha guerrera que los conspiradores entonan entre sí. El 3 de mayo de 1868 entrega la partitura al músico Manuel Muñoz Cedeño para que haga la instrumentación. El gobernador español Julián Udaeta, al escucharla en un acto religioso, la identifica inmediatamente como lo que es: no una melodía piadosa, sino un grito de guerra disfrazado de música sacra.
El 20 de octubre de 1868, cuando las fuerzas insurrectas de Céspedes toman Bayamo, la ciudad entera sale a la calle. En medio de la multitud enardecida, montado en su caballo, Perucho Figueredo escribe sobre el terreno la letra definitiva del himno. La multitud la canta antes de que él haya terminado de escribirla.
Fue capturado por las tropas españolas. El 17 de agosto de 1870 fue fusilado en Santiago de Cuba. Sus últimas palabras fueron las mismas que había escrito para el himno: "Morir por la Patria es vivir."
La logia Redención y el himno nacional nacieron en la misma casa, en el mismo año, entre los mismos hombres. La masonería cubana del siglo XIX no fue un club de ideas: fue una estructura de acción. Perucho Figueredo lo entendió mejor que nadie. Por eso escribió el himno con una mano y conspiró con la otra.
***
Pienso en esa imagen de Perucho a caballo, escribiendo la letra mientras la gente la canta. Hay algo extraordinariamente masónico en ese instante: el trabajo que no espera, la piedra que se talla en movimiento, la palabra que no necesita silencio para nacer. Y luego, frente al pelotón, las mismas palabras. "Morir por la Patria es vivir." Escribió el himno dos veces: una con la pluma y otra con su vida.


Comentarios
Publicar un comentario