Bartolomé Mitre — El Gran Maestro que construyó Argentina con la pluma, la espada y el mandil
Sus padres lo enviaron al campo para que dejara de escribir. Se convirtió en presidente de Argentina, fundador de La Nación y Gran Maestro masónico. A veces los hijos saben mejor que los padres lo que tienen que hacer con su vida.
Buenos Aires, 26 de junio de 1821. Nace Bartolomé Mitre en el seno de una familia porteña que no aprobaba su vocación literaria. Lo enviaron a una estancia de campo para que se hiciera hombre de trabajo. Se convirtió en escritor, historiador, militar, periodista, presidente y Gran Maestro masónico. A veces los padres se equivocan.
La infancia de Mitre estuvo marcada por la turbulencia política del Río de la Plata. Sus escritos le ganaron pronto la enemistad de Juan Manuel de Rosas, el caudillo que gobernaba Argentina con mano de hierro. Tuvo que exiliarse en Chile, Bolivia y Perú. No era el primer patriota argentino que construía su país desde fuera, ni sería el último. En el exilio aprendió a observar, a escribir y a esperar.
Regresó en 1852, cuando Rosas fue derrocado por Urquiza. A partir de ahí, su ascenso fue constante y su vida, una sucesión de roles que pocos hombres han acumulado con tanta coherencia: ministro de Guerra, gobernador de Buenos Aires, vencedor en la batalla de Pavón, presidente de la República Argentina entre 1862 y 1868 — el primero en ejercer el cargo con el nombre oficial de presidente de la Argentina unificada, tras décadas de guerras civiles que habían desangrado el país.
La guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, en la que Argentina se alió con Brasil y Uruguay, fue la sombra más oscura de su presidencia. Una guerra devastadora que diezmó a Paraguay. Mitre la dirigió como comandante aliado. La historia no ha terminado de juzgarla.
Pero la historia sí ha juzgado lo que construyó en tiempo de paz. El 4 de enero de 1870 lanzó el primer número del diario La Nación, que sigue publicándose hoy. Escribió la Historia de Belgrano y de la independencia argentina, la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana — dos obras fundamentales que son también dos actos de fidelidad masónica: honrar a los hombres que construyeron lo que él continuaba construyendo. Tradujo a Dante al español. Escribió poesía. Fue elegido miembro correspondiente de la Real Academia Española.
Fue iniciado en la Logia Unión del Plata. El 24 de agosto de 1894, con setenta y tres años, fue elegido Gran Maestro de la Gran Logia de Argentina. No era un título honorífico: era el reconocimiento de una trayectoria de toda una vida en la que los principios masónicos y los principios liberales habían marchado juntos, a veces en la calle, a veces en el campo de batalla, siempre en la página impresa.
Murió el 19 de enero de 1906, con ochenta y cuatro años. Fue enterrado con honores de Estado en el Cementerio de la Recoleta. Sus contemporáneos lo llamaron el organizador de la Argentina. No es un mal epitafio para un hombre que sus padres quisieron convertir en peón de estancia.
La masonería latinoamericana del siglo XIX no fue un fenómeno marginal. Fue la red intelectual y política que conectó a los hombres que construyeron los estados del continente. Mitre es su figura más completa: el que fue todo a la vez — militar, político, periodista, historiador, masón — y lo fue sin perder de vista el hilo que lo unía todo.


Comentarios
Publicar un comentario