La masonería portuguesa hace la República — El 5 de octubre de 1910, la logia cumplió lo que llevaba décadas tejiendo
No fue una noche espontánea. Fue el resultado de dos décadas de trabajo silencioso en las logias portuguesas. El 5 de octubre de 1910, la masonería no observó la Revolución. La hizo.
Lisboa, madrugada del 4 al 5 de octubre de 1910. En las calles de la capital portuguesa, soldados y marinos sublevados avanzan hacia el Palacio de Necessidades. El rey Manuel II, el último monarca de la Casa de Braganza, huye hacia Ericeira y desde allí al exilio en Inglaterra. Cuando amanece el 5 de octubre, Portugal ha dejado de ser una monarquía. Y la masonería portuguesa ha cumplido el trabajo que llevaba dos décadas preparando.
El Gran Oriente Lusitano Unido no llegó a 1910 por casualidad. Por obra de la facción más radical de los masones portugueses liderados por Magalhães Lima, se había convertido en los años previos a 1910 en una institución politizada y de tendencia republicana que sirvió de poderoso instrumento. Sus logias eran el tejido conectivo de una red que unía intelectuales, médicos, abogados, comerciantes y militares en torno a un mismo proyecto: acabar con la monarquía y construir una república laica y liberal.
Entre los masones que protagonizaron la jornada destacaban dos figuras que marcarían la Primera República: Afonso Costa, doctor en Derecho y catedrático universitario, arquitecto de la legislación laicista que separaría la Iglesia del Estado; y António José de Almeida, médico y político, figura puente entre republicanos moderados y radicales. Ambos habían encontrado en las logias del Gran Oriente el espacio donde forjar alianzas, refinar argumentos y coordinar estrategias que en la esfera pública aún no podían declararse abiertamente.
La Comisión de Resistencia de la Masonería Portuguesa, órgano interno del Gran Oriente, fue el instrumento que formalizó el apoyo institucional de la fraternidad a la revolución. Su decisión del 5 de octubre no fue un acto espontáneo sino la culminación de años de trabajo silencioso: miembros del Gran Oriente Lusitano desempeñaron importantes papeles en pro de la democratización y laicización de la sociedad portuguesa — Liga Nacional de Instrucción, Academia de Ciencias Libres — apoyando el advenimiento de la República, cuando la obediencia contaba ya con más de cien logias.
La Primera República Portuguesa que nació ese día duró dieciséis años. Fue inestable, conflictiva, incapaz de resolver las tensiones sociales que la habían engendrado. En 1926, un golpe militar la derrocó. En 1935, la dictadura de Salazar prohibió la masonería mediante ley, confiscó el Palacio Masónico de Lisboa y lo entregó a la Legión Portuguesa, fuerza paramilitar del régimen. Los archivos del Gran Oriente, parcialmente destruidos o dispersados, no fueron recuperados hasta 1974, cuando la Revolución de los Claveles devolvió la democracia y la legalidad masónica a Portugal.
Relevancia para la masonería contemporánea
La historia de la masonería portuguesa entre 1910 y 1974 es, en ese sentido, una historia completa: la fraternidad que hizo posible una república, sobrevivió a la dictadura que esa república no pudo evitar, y resurgió cuando la dictadura fue derrotada. Tres actos. Mismo protagonista.
En Lisboa, aquella madrugada del 5 de octubre de 1910, alguien susurró una frase que el anuario masónico ha guardado: "Una República nace cuando un pueblo deja de temer a sus amos." Nadie sabe quién la dijo. Pero encaja con precisión con lo que la masonería portuguesa había estado haciendo durante décadas: enseñar a los hombres que el poder no es eterno y que la fraternidad es más duradera que los reyes.
Cada vez que trabajo una efeméride como esta pienso en la misma cosa: la diferencia entre una logia que debate y una logia que actúa. El Gran Oriente Lusitano hizo las dos. Debatió durante años en columnas cómo debía ser Portugal. Y cuando llegó el momento, sus hermanos estaban en la calle. Eso es lo que significa que la masonería sea relevante para la sociedad. No que tenga poder. Sino que forme hombres que saben qué hacer con él cuando llega.
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